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martes, enero 03, 2006

Rodríguez Zapatero es la degradación del político profesional

Excelente entrevista a Enrique de Diego publicada en El semanal Digital. Aunque algunas cosas que dice escuecen, dice verdades como catedrales. Ahora conocemos el nombre de nuestra dolencia, gracias a él.

"Rodríguez Zapatero es la degradación del político profesional"

El periodista Enrique de Diego considera que "con Zapatero, está en riesgo la unidad de España, el proyecto europeo y la libertad en Iberoamérica".

1 de enero de 2006. El subdirector de Época acaba de publicar un nuevo libro, ZP en el país de las maravillas, en el que con su estilo crudo y directo analiza la España
que gobierna José Luis Rodríguez Zapatero. De Diego dirige también un programa en Radio Intereconomía, que se emite los viernes a la una de la madrugada, que se llama El país de las maravillas. Un espacio de análisis político con mucho humor y mucha mordiente.

¿Cuáles son las principales tesis que defiende en "ZP en el país de las
maravillas"?


Principalmente, la consideración de que el progresismo se ha convertido en una coartada para vivir del Presupuesto y expoliar a las clases medias. También insisto en que para entender -es un decir- a Zapatero hay que saber que la lógica se ha trastocado y el lenguaje se anipula continuamente, como si se hubiera proscrito el sentido común. Y, por último, hago hincapié en que es hora de que los ciudadanos se movilicen y la sociedad civil se rearme.

Usted reconoce en su libro que padece una enfermedad que denomina zapaterofobia. ¿En qué consiste esa dolencia?

Una patología, por cierto, cada vez más extendida. Se trata de la aversión al presidente por accidente, a sus obras y a su forma de expresarse. Es darse cuenta de que cuando habla con ese énfasis esdrujulizante, sólo dice, en términos intelectuales, una sarta de chorradas vacuas. La zapaterofobia es una manifestación de lucidez.

¿Cuál es su valoración del Gobierno Zapatero?

Pésima. El okupa es la degradación del político profesional. Demostró su falta de escrúpulos morales entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 cuando utilizó el terrorismo -el dolor y la sangre- para obtener beneficio político. Se ha formado en el bar del Congreso. Un traidor, en términos de patriotismo, y sin el más mínimo aprecio a la libertad. Su Ejecutivo paritario es de una excesiva mediocridad. El 80 por ciento de los ministros no sirven y no hay crisis porque ni tan siquiera hay Gobierno.

¿Qué es lo que más detesta de su gestión?

Su apoyo a las tiranías y su destrucción de la nación. El elenco sería demasiado largo. Sobre todo, su irreflexiva e irresponsable disposición a rendirse ante ETA y su agravio constante a las víctimas. Y ese lamentable estilo según el cual todo el mundo tiene un precio.

Afirma con frecuencia que practica un "periodismo de trincheras". ¿Por qué? ¿No habíamos quedado que los profesionales de la información tienen que contemplar la realidad desde una cierta distancia?

Lo de periodismo de trinchera lo digo como provocación ante tanto periodista dedicado a la
supervivencia, que ha dejado de entenderlo como un compromiso honrado con la verdad y como una relación de intermediario con los ciudadanos, para pasar a servir a un partido o a un político que les va colocando en los diversos y difíciles avatares de esta profesión. Es una reacción a las ristras de complejos que se venden como moderación, y ante lo que yo llamo ideología mediática. Un desideratum de estupideces políticamente correctas que casi todo profesional lleva en el macuto para usarlas como plantilla de la realidad. La distancia más habitual del periodismo actual es la del servilismo y la consigna desde Ferraz o desde Génova. Y no digamos en las autonomías, donde el caciquismo es abrumador y anestesiante.

¿Cómo ve la sociedad española? ¿Está muy crispada? ¿Existe sociedad civil?

Los ciudadanos están empezando a tomar conciencia de que no pueden delegar su responsabilidad en los políticos, que han de mantener criterios propios sin ser hooligans de los partidos. En ese sentido, la crispación puede ser considerada consustancial a la democracia. Lo que ahora está sucediendo es que al Gobierno no le están saliendo sus planes. Creía que la gente iba a tragar con todo y se han encontrado con que hay millones de
patriotas españoles, que, por ejemplo, de manera espontánea hacen boicots a los productos catalanes o están en contra del Estatut, de la OPA y de La Caixa. El Gobierno se está crispando por momentos, con sus aliados fascistas. Lo positivo es que empieza a haber un germen de sociedad civil auténtica, de esa que está dispuesta a autofinanciarse para defender una idea, no de esa,mercantilizada, que forma lobbys, para en nombre de alguna causa noble, los pobres, casi
siempre, pillar del Presupuesto y vivir de la mamandurria, como los sindicatos o las ONGs.

¿Corre riesgo la unidad de España?

Mucho. Incluso cabe pensar si no hemos llegado demasiado lejos para que el proceso no sea irreversible. La cuestión es que la idea de España ahora es sinónimo de libertad frente a los nacionalismos que riman con totalitarismos. Lo que sí puedo aventurar es que si España se fragmenta, la monarquía no sobrevivirá. Y el PSOE puede pasar a la historia como una formación de traidores y pesebristas que acabaron con la nación más vieja de Europa. Además, como los nacionalismos son imperialistas, se están sembrando conflictos futuros abusando
del instinto conservador de las gentes. Con Zapatero está en riesgo la unidad de España, el proyecto europeo y la libertad en Iberoamérica. Aunque, no exageremos, él es más efecto que causa de nuestros males.

¿Cuenta, a su juicio, el PP con un proyecto adecuado para España?

El PP forma parte del problema. En ocho años de gobierno no cuestionó las bases del sistema. Pactó con los nacionalistas, cediendo como el que más, y no tuvo empacho en reunirse con ETA. Nada hizo para liberalizar la educación, aunque su política económica fue manifiestamente
buena. Ahora es el único partido que defiende la unidad nacional, aunque carece de una alternativa intelectual y moral y cuenta con un discurso meramente continuista y de resistencia, por lo que, para mí, no pasa de ser un mal menor. Puede ser instrumento de regeneración. Si no cumple ese papel, será sobrepasado a medio plazo.

Usted propugna la reforma de la Ley Electoral. ¿Por qué? ¿La ve factible?

La Ley electoral es el talón de Aquiles de nuestra democracia. No hay nación capaz de subsistir a esta demencial Ley que impuso el último secretario general del movimiento, Adolfo Suárez.
Impide la existencia de partidos bisagras nacionales y concede esa función a las fuerzas nacionalistas, pues prima la concentración de voto en unas pocas ircunscripciones. Produce una degradante tiranía de las minorías.

¿Qué le parece Mariano Rajoy?

Un conservador, que ha sabido estar a la altura de las circunstancias y actúa con responsabilidad, pero sin imaginación e incapaz de mover a nadie de su puesto. Aunque para eso le pusieron Aznar y sus pretorianos.

Uno de sus temas preferidos es la cosmogonía progre. ¿Cómo la define?

La he descrito en el libro Los nuevos clérigos. Una especie de nomenclatura por adición de castas que se retroalimentan: docentes estatales, periodistas y actores y artistas, los más vocingleros, dedicados a mejorar sus posiciones en el Presupuesto público. Para conseguirlo se dedican a desarmar y cegar a la sociedad con trabalenguas y extendiendo una maraña de prejuicios y
pequeños dogmas. Un mundo muy sectario y proclive al anatema fácil.

¿Quiénes son, a su juicio, los principales representantes del mundo progre?

Gentes como Pedro Almodóvar, que especula en Bolsa con nuestros impuestos; Joaquín Sabina , un multimillonario que termina sus conciertos diciendo que se mueran los ricos, o Gabilondo, con esos tonos de clericalismo laico. En los tres mundos que he descrito no se sobrevive
fácilmente sin asumir los aromas de la secta. Por ejemplo, ahora todos los franquistas, como Juan Luis Cebrián o Víctor Manuel, o hijos de franquistas, andan intentando ganar -de nuevo, ahora en nombre de los vencidos- la guerra civil 70 años después. Es gente inmoral e hipócrita, cuyos únicos valores son el poder y el dinero.

¿Hay libertad de expresión en España?

Sí, usted y yo, con esta entrevista lo hemos demostrado. Por cierto, gracias, en buena medida, a Internet. Pero la libertad de expresión está muy condicionada. El de los medios de comunicación es un sector económico muy mercantilizado, dependiente de las licencias que concede el poder político y muy sensible a las concentraciones publicitarias. En Cataluña puede decirse que la libertad de expresión casi no existe, salvo en la clandestinidad. Y para terminar de cercenarla, ya han instalado un organismo censor típicamente nazi. En el País Vasco, los nacionalistas matan a los que no piensan como ellos y se atreven a expresarlo. Bueno, porque la transición ha sido un fracaso, pero eso da para un libro.

Precisamente, ¿qué opina del informe del CAC sobre la COPE?

Sólo en las dictaduras hay organismos administrativos que se dedican a elaborar informes sobre los medios de comunicación y a sancionar, ergo Cataluña es una dictadura atemperada por su pertenencia a España. Nos retrotrae a las peores etapas del franquismo y aún del nazismo. Goebbels se sentiría feliz presidiendo el CAC.

1 Comments:

At 03 enero, 2008 13:49, Anonymous AlexC said...

¿Pero de que circo han sacado a este individuo? Alguen debería hacerle un escaner cerebral, o al menos, recordarle que los que matan no son los nacionalistas sino los asesinos. De hecho, hace mucho tiempo que no leía una entrevista con un componente nacionalista tan marcado. Querido lumbreras, has de saber que los nacionalismos Catalán, Vasco o Español son igualmente legítimos y anacrónicos, y que afortunadamente para los que creemos en la libertad, vivimos en una sociedad en la que todas las opiniones tienen cabida, anque sean gilipolleces y, de hecho, yo espero sinceramente que pueda usted seguir expresando sus gilipolleces durante todo el tiempo que quiera.

 

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