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lunes, mayo 15, 2006

El doctor Pasqual & Mr. Carod

Por una casualidad de la vida acababa de leer la obra de Boadella "La increíble historia del Dr.Floit & Mr. Pla" cuando este lunes leí el artículo de Casimiro Abadillo en El Mundo, con el título que indico.

Traigo estos párrafos:
Ramón María del Valle-Inclán no hubiera encontrado mejor argumento para uno de sus esperpentos. Los dos años y medio del gobierno presidido por Pasqual Maragall no tienen parangón en la España posfranquista e incluso sería difícil encontrar algún precedente en gobiernos anteriores a la oprobiosa.
Muy bueno, el "Callejón del Gato" desplazado a las Ramblas... Decía Marx que la historia se repite, la primera vez sucede como tragedia, la segunda como farsa. Nótese también el toque centrista de Abadillo, que le impide reconocer que "esto con Franco no pasaba". Allá él.

Esto es también muy bueno:
En lugar de fomentar los valores que han hecho de Cataluña una de las regiones más dinámicas, ricas y culturalmente avanzadas de Europa, el pujolismo acentuó sus peores vicios: el provincianismo, el sectarismo y el cinismo.
Pues por mí que sigan, oyes.
No es de extrañar pues que esta Cataluña oficial que es capaz de firmar un acuerdo por el que se prohíbe a sus representantes aliarse con el PP, como si sus miembros fueran apestados, acepte de buen grado entre los consellers de la Generalitat a un militante de Terra Lliure que ha confesado haber puesto dos bombas en 1990 y que está acusado de haber ejercido el chantaje a funcionarios para financiar a su partido.
No es de extrañar, sino que es de esperar. Va de suyo. A partir de este momento Abadillo se centra en Boadella y en una anécdota sabrosa de la obra citada.
Días antes del estreno de la obra La increíble historia del Dr.Floit & Mr. Pla, (15 de septiembre de 1997), su autor fue llamado a capítulo por el entonces conseller de Cultura de la Generalitat, Joan María Pujals.

La trama representa a un empresario que, tras ingerir unas gotas de la loción Floit (Floid con d era un after shave muy utilizado en la España de otro tiempo), se transforma en el escritor Josep Pla. Es decir, la dualidad que Stevenson recreó en el Dr. Jeckyll & Mr. Hyde, Boadella la convierte en una visión de las dos caras de Cataluña en la que, es una obviedad decirlo, el creador de Els Joglars apuesta claramente por sus valores menos mezquinos y más universales.

La obra iba a estrenarse en el Teatro Romea de Barcelona, sede del Centro Dramático de la Generalitat y Pujals quería proponerle a Boadella una, a su modo de ver, ligera modificación en el texto de la obra. «Se trata simplemente de sustituir la marca Floit por... pongamos por caso Williams» (otra conocida loción para después del afeitado). «¿Pero es que tenéis alguna cosa contra la familia Puig (propietaria de Williams)?», interrogó con socarronería el barcelonés, sabedor de dónde le apretaba el zapato al azorado funcionario.

La marca Floit no había sido escogida al azar por Boadella, sino que había sido elegida con toda intención para representar a su propietario, Juan Bautista Cendrós, fundador de la sociedad Omnium Cultural y de la coalición CiU. Desde su estratégica posición, Cendrós siempre se opuso a conceder el premio de las letras de la Generalitat a Pla, escritor mal visto por los nacionalistas y con el que Pujol mantuvo una agria polémica [ver artículo de Arcadi Espada del 29 de abril].

El nacionalismo no puede permitir la sátira contra uno de los suyos. La censura franquista ha sido sustituida en Cataluña por algo mucho más sutil: la sugerencia. Aceptarla implica favores por parte del poder. Rechazarla, sencillamente el desprecio.

Boadella, naturalmente, se negó a modificar la marca de la loción para después del afeitado, lo que hubiera supuesto anestesiar el contenido de su obra. Pero, como no quería poner en un compromiso mayor al funcionario, le ofreció una alternativa: «Puedo estrenar la obra en el teatro Tívoli». «No, no, no, eso no. ¡Qué van a decir si hacemos eso!». Al menos los censores franquistas no se avergonzaban de su cometido.
Franquistas vergonzantes, en eso han caído muchos progres. El PRISOE está lleno de ellos. González, Barrionuevo, Polanco, Cebrian...

El artículo sigue con la persecución a Boadella por la progresía paniaguada:
Una pintada en la que se le calificaba de «feixista» [«fascista»] permaneció durante meses en los muros del nuevo teatro de Figueras ante la pasividad de su alcalde.

(...)

La forma que tiene Maragall de deslegitimar los argumentos de Boadella es sencilla: «Ya se sabe, Boadella tiene inclinaciones hacia la derecha». Lo malo es que algunos le ríen la gracia.
Pobre Boadella, toda la vida blasfemando y ahora le hacen esto:



Pues mira, que se joda y aprenda. Y que no espere obtener muchos votos.

Así acaba el artículo:
Utilizando la alegoría de Boadella, podríamos equiparar a Maragall con el doctor Floit y a su loción con el Estatuto. Lamentablemente para Cataluña, la ingestión del bebedizo no da como resultado la transmutación en Pla, sino en un bigotudo con barretina llamado Mr. Carod.
Es un tópico de los catalinos timoratos exculparse diciendo que el problema es su clase política y que ellos son gente sensata. Pues no, llevan más de 30 años eligiendo a sus políticos, así que no me vengan con milongas. ¡Que aprendan a votar, que ya son mayores!


Baby

 

 

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